Escenas del acto médico

Edward Jenner vacunando a un niño contra la viruela

L0029094 Edward Jenner vaccinating a boy. Oil pain

Eugène Ernest Hillemacher (1818-1887). Edward Jenner vacunando a un niño (1884)
Óleo sobre lienzo.
Imagen tomada de Wellcome Images

Tras la serie de imágenes que le hemos dedicado a Hipócrates, el “Padre de la Medicina”, para iniciar este blog, damos ahora un gran salto en la Historia, hasta finales del siglo XVIII, para referirnos a otro momento trascendental para la Medicina, cuando un médico rural, inteligente, observador y muy curioso, descubrió la vacuna contra la viruela.

Hasta su erradicación, certificada oficialmente por la Organización Mundial de la Salud el 9 de diciembre de 1979, la viruela había matado -o, al menos, desfigurado- a millones y millones de personas de todo el mundo a lo largo de la historia de la humanidad.

Los orígenes de la viruela son desconocidos. Se han encontrado evidencias de su existencia en cuerpos momificados egipcios que datan de hace unos tres mil años. También hay constancia de su presencia en China más de mil años antes de Cristo. Pero no se sabe como llegó a Europa. En los escritos hipocráticos, por ejemplo, no se encuentra recogida. Se sabe, en cambio, que en la Edad Media, en tiempos de las Cruzadas, ya se había convertido en un terrible problema de salud pública en el viejo continente. En la era de los descubrimientos, los europeos propagaron la enfermedad, y con la llegada de los españoles a América la viruela se extendió rápidamente entre los aztecas, los incas y otros pueblos aborígenes, diezmando a la población, lo cual -sin duda- ayudó a la conquista. Ya en el siglo XVIII, la viruela era una pandemia y la principal causa de mortalidad de la época. Sólo en Europa, cada año morían unas cuatrocientas mil personas por su culpa.

A finales del siglo XVIII, un médico rural inglés llamado Edward Jenner observó que quienes se dedicaban a ordeñar las vacas -algunas de las cuales presentaban en las ubres lesiones variolosas- se contagiaban y les aparecían lesiones similares en las manos, que curaban sin mayores problemas. Entonces decidió realizar un experimento que hoy sería impensable e imposible. El 14 de mayo de 1796 Jenner tomó pus de una pústula que tenía en la mano la vaquera Sarah Nelmes y la inoculó en el brazo del niño de ocho años James Phipps. Dos meses después, el 12 de julio, lo que Jenner inoculó al niño fue auténtica viruela humana: pero el pequeño James no sufrió la enfermedad, demostrando así los efectos protectores de la vacuna (nombre que reconoce, por cierto, el importante papel que desempeñaron las vacas en el descubrimiento).

Ochenta y ocho años más tarde, en 1884, el pintor francés Eugène Ernest Hillemacher (1818-1887) representó en el cuadro que aquí vemos el momento en que el médico inocula el pus al niño James Phipps (a quien nos muestra bastante más pequeño de como era en realidad) tomada directamente de la mano de la vaquera Sarah Nelmes (la joven que sostiene al niño en brazos). En el fondo del cuadro, a la izquierda (aunque se ve con dificultad en esta imagen) aperece también una vaca… para que nada falte.

*El 13 de abril de 2012 se publicó la primera versión de esta entrada en el blog Medicina y Arte.

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3 replies »

    • Muchísimas gracias José Carlos… Te pido perdón por el tiempo que tardo en contestar. Para que me perdones, voy a continuar con este tema, confiando en que el nuevo cuadro sea de tu agrado. A mí me gusta más aún.
      ¡Un abrazo!

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