Escenas del acto médico

Edward Jenner (1749-1823) y su primera vacunación contra la viruela (1796)

Hasta su erradicación, certificada oficialmente por la Organización Mundial de la Salud el 9 de diciembre de 1979, la viruela había matado -o al menos desfigurado- a millones y millones de personas de todo el mundo, a lo largo de la historia de la humanidad.

Los orígenes de la viruela son desconocidas. Se han encontrado evidencias de su existencia en cuerpos momificados egipcios que datan de hace unos tres mil años. También hay constancia de su presencia en China más de mil años antes de Cristo. Pero no se sabe como llegó a Europa. En los textos hipocráticos, por ejemplo, no se encuentra alusión alguna a esta enfermedad. Si se sabe, en cambio, que durante la Edad Media, en tiempos de las cruzadas, ya se había convertido en un terrible problema en el viejo continente. En la era de los descubrimientos, los europeos propagaron la enfermedad, y con la llegada de los españoles a América la viruela se extendió rápidamente entre las poblaciones indígenas, causando una gran mortalidad que -en gran medida- facilitó la conquista. Ya en el siglo XVIII, la viruela se había convertido en una pandemia mundial y la principal causa de mortalidad de la época. Solo en Europa -como apunta María Cristina Rosas– morían cada año unas cuatrocientas mil personas.

A finales del siglo XVIII, un médico rural inglés llamado Edward Jenner observó que quiénes se dedicaban a ordeñar las vacas -algunas de las cuales presentaban en las ubres lesiones parecidas a las de la viruela humana- se contagiaban y les aparecían lesiones similares en las manos, que curaban sin mayores problemas. Entonces, el observador médico decidió llevar a cabo un experimento que hoy sería imposible e impensable. El 14 de mayo de 1796 Jenner tomó pus de una pústula que tenía en la mano la vaquera Sarah Nelmes y la inoculó en el brazo del niño de 8 años James Phips. Dos meses después, el 12 de julio, lo que le inoculó Jenner al mismo niño fue auténtica viruela humana. Pero el pequeño James no sufrió la enfermadad, demostrándose así los efectos protectores de la vacuna (nombre que tiene su origen, evidentemente, en el importante papel que desempeñaron las vacas en este descubrimiento).

Los pintores han representado aquel momento crucial en numerosas ocasiones. Algunos de los cuadros sobre este tema que más me gustan se pueden ver a continuación, por orden cronológico:

le-docteur-edward-jenner-realisant-le-premier-vaccin-contre-la-variole-en-1796

Gaston Mélingue (1840-1914). Jenner inoculant la vaccine (1879)

L0029094 Edward Jenner vaccinating a boy. Oil pain

Eugène Ernest Hillemacher (1818-1887). Edward Jenner vacunando a un niño (1884)
Crédito: Wellcome Library, London

Robert A Thom_Jenner-smallpoxlg 1919

Robert A. Thom (1915-1979). Edward Jenner inyectando la primera vacuna contra la viruela al niño James Phipps en 1796.
La imagen forma parte de la serie A History of Medicine in Pictures, que el autor realizó por encargo de la compañía farmacéutica Parke Davis, y hoy en día propiedad de Pfizer

Enlaces de interés:

Francisco Javier Tostado: Historia, medicina y otras artes…

Juan V. Fernández de la Gala: Kircher Landscape

Dr. Jenner’s House. The Birthplace of Vaccination

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5 replies »

  1. Hola Paco,
    Felicitarte por partida doble: por el magnífico artículo de hoy y por este blog que dentro de su sencillez está magníficamente organizado, atrapando tanto en su contenido como en su visualización.
    Los cuadros que nos presentas sobre los inicios de la vacunación son sin duda los que mejor representan los inicios de esta práctica médica que tantos millones de vida ha salvado (y siguen haciéndolo) por tanto merecen que nos entretengamos en su observación no solo por su calidad artística como en lo que nos muestran.

    Si me permites me gustaría explicar algo no muy conocido sobre la vacunación de la viruela: en la historia hay muchos héroes anónimos u olvidados que merecen como mínimo ser conocidos. Uno de ellos fue el Dr. Francisco Javier Balmis (tocayo nuestro 😉 ) que lideró la primera expedición sanitaria internacional de la historia, sufragada esta por el rey Carlos IV. Se inició en 1803 y durante once años dio la vuelta al mundo. Su objetivo principal era vacunar de viruela a todas las personas del entonces Imperio español, cuya mortandad ocasionaba miles de muertos (sobre todo niños). Uno de los problemas que se encontraron fue cómo conseguir que la vacuna resistiese todo el trayecto (recordemos que no existían las neveras). Ideó un curioso pero eficaz sistema: llevar en el viaje a 22 niños del orfanato Casa de Expósitos de La Coruña que se iban pasando la vacuna de uno a otro, mediante el contacto de las heridas. Consiguieron llevar la vacuna desde las islas Canarias, hasta Perú, México, Colombia, Ecuador, Filipinas y China, salvando miles y miles de vidas. El propio Edward Jenner dijo de esta expedición:

    “No puedo imaginar que en los anales de la Historia se proporcione un ejemplo de filantropía más noble y más amplio que este”.

    Debo reconocerte que hasta ahora no he sido muy pródigo al entrar en este blog pero te aseguro que a partir de ahora lo haré como se merece.

    Un fuerte abrazo.
    Por cierto, gracias por el enlace a mi blog.

    • Muchísimas gracias también desde aquí, Francisco Javier, querido amigo. La verdad es que yo tenía relativamente oculto este blog, fundamentalmente porque no había encontrado todavía “la forma” que quería para él. Incluso, aún, no tengo muy claro “el fondo”. Quisiera que fuera más visual, con el menor texto posible y dando mayor protagonismo a las imágenes. Esta plantilla nueva de WordPress me gustó. Espero, a partir de ahora, darle más vida… sobre todo si no me tengo que entretener demasiado escribiendo. 😉

      Respecto a Francisco Javier Balmis, creo que no se reconoce suficientemente su mérito, y que la Expedición Filantrópica de la Vacuna es muy poco conocida… Así es este país. Yo le dediqué algo de atención en una ponencia que presenté en unas Jornadas que se celebraron en el año 2010, con motivo del bicentenario de las Cortes en la Isla de León… ¡Una gran figura de la medicina española y un hecho que deberíamos dar a conocer! ¿No te parece?

      Gracias, otra vez, y un fuerte abrazo amigo mío.

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