Epónimos

La diosa Hebe: origen del epónimo “hebefrenia”

Carolus-Duran (1838-1917). Hébé (1874) Óleo sobre lienzo. 200 x 104 cm. Palais des Beaux-Arts de Lille

Carolus-Duran (1838-1917). Hébé (1874)
Óleo sobre lienzo. 200 x 104 cm.
Palais des Beaux-Arts de Lille

La diosa griega Hebe era hija de Zeus y Hera, es decir, de la mejor familia del Olimpo. Ella, la personificación misma de la juventud, pasaba su tiempo bailando con las Musas y las Horas al son de la lira de Apolo, cuando no estaba cumpliendo la misión que su poderoso padre le había encomendado: servir las copas del néctar de los dioses en los saraos olímpicos. Y así fue hasta que el veleidoso y lascivo Zeus quedó prendado de Ganímedes, le dio el finiquito a la muchacha y el puesto de divino sumiller al efebo. A Hebe, el pendón de su papá la desposó con Heracles, que había sido llamado al Olimpo para ocupar su lugar entre los inmortales después de su apoteósico triunfo en las pruebas que le habían sido impuestas; pensando, quizás, que las nupcias con el macizo héroe la compensarían por la pérdida del puesto de trabajo.(1)

Al sesudo psiquiatra alemán Ewald Hecker (1843-1909), que estaba empeñado con su maestro y amigo Karl Ludwig Kahlbaum (1828-1929) en la descripción y clasificación de los trastornos mentales(2), el mito de la diosa griega de la juventud le pareció apropiado para nombrar una enfermedad que él describió por primera vez en 1871, la hebefrenia(3); una enfermedad que enseguida fue tomada como ejemplo de demencia precoz por el gran Emil Kraepelin (1856-1926).

La hebefrenia se define como una forma de esquizofrenia que tiene generalmente su comienzo en la adolescencia y se caracteriza por afectar fundamentalmente a las funciones afectivas.(4) En el recomendable Diccionario médico-biológico, histórico y etimológico de la Universidad de Salamanca (dicciomed.eusal.es) leemos la siguiente definición: “Forma de esquizofrenia caracterizada por incoherencia, alucinaciones sin nexo temático y manifestaciones afectivas planas e inapropiadas. Se manifiesta en edad temprana y tiene mal pronóstico”.(5) El comportamiento de quienes la sufren es irresponsable e imprevisible. La afectividad es superficial y se acompaña con frecuencia de risas insulsas, muecas, burlas, quejas hipocondríacas y frases repetitivas. El pensamiento aparece desorganizado y el lenguaje es divagador e incoherente. Se trata, en definitiva, de una enfermedad grave que requiere tratamiento por el especialista.

No cabe duda de que el psiquiatra alemán pensó en Hebe por ser la diosa de la juventud; pero nada más justifica el epónimo.

Tendría Hecker poco más de treinta años cuando el pintor francés Charles Émile Auguste Durand (1837-1917), más conocido como Carolus-Duran, el maestro de mi admirado John Singer Sargent (1856-1925), representó a la joven diosa en todo su esplendor, tal como se puede ver en el cuadro con el que se inicia esta entrada. Con el fondo azul del cielo olímpico y montada sobre un águila -ave que a menudo la acompaña, como símbolo de su augusto padre- la diosa aparece dispuesta a verter en una copa el néctar de los dioses desde una jarra que lleva muy alta -igual que en otras muchas imágenes suyas- en un gesto, a la vez, elegante y seductor.

También en la música francesa del siglo XVIII encontramos una referencia a Hebe. Se trata de una ópera-ballet titulada Les fêtes d’Hébé, ou Les talents lyriques, estrenada en la Ópera de París el 21 de mayo de 1739. El autor del libreto fue Antoine Gautier de Montdorge (c.1707-1768). Y, aunque el argumento no guarda demasiada relación con cuanto hemos dicho hasta ahora, lo cierto es que, la música de Jean-Philippe Rameau (1683-1764) es digna de la diosa. Escuchémos algunos de los escasos fragmentos que YouTube nos ofrece…

Finalmente, para los especialistas que pudieran estar interesados, quiero señalar que la editorial Polemos publicó en 1996 la traducción de algunos de los escritos más importantes de KraepelinKahlbaum y Hecker, con el título: La locura maniaco-depresiva. La catatonia. La hebefrenia.

NOTAS

(1) Existen diferentes versiones del mito de Hebe. Ésta, con evidentes licencias literarias, la tomamos de: REY GONZÁLEZ, A. y LIVIANOS ALDANA, L. (2000): La Psiquiatría y sus Nombres. Diccionario de epónimos. Madrid, Editorial Médica Panamericana: 121.

(2) Sobre Ewald Hecker, V.: KRÜGER, S. y BRÄUNIG, P. (2000): “Ewald Hecker, 1843-1909”. Am. J. Psychiatry157, 8: 1.220. [Disponible en: http://ajp.psychiatryonline.org/data/Journals/AJP/3715/1220.pdf; consultado el 8 de diciembre de 2011]. Sobre Kahlbaum, es interesante leer lo que su discípulo y amigo Hecker escribió en su necrológica: KRAAM A. (2008): “Karl Ludwig Kahlbaum by Dr. Ewald Hecker (1899)”. History of Psychiatry19, 1: 77-85. [Disponible en: http://www.tara.tcd.ie/bitstream/2262/51646/1/PEER_stage2_10.1177%252F0957154X07084879.pdf; consultado el 8 de diciembre de 2011].

(3) HECKER, E. (1871): “Die Hebephrenie”. Virchows Archiv fur Pathologie und Anatomie, 52: 394-429. (Cf.: REY GONZÁLEZ, A. y LIVIANOS ALDANA, L. (2000): Op. cit.). Una traducción al español se encuentra en: HECKER, E. (1871): “La hebefrenia. Contribución a la psiquiatría clínica”. [Disponible en: http://www.documentacion.aen.es/pdf/revista-aen/1995/revista-53/08-la-hebefrenia-contribucion-a-la-psiquiatria-clinica-(1871).pdf; consultado el 8 de diciembre de 2011].

(4) REY GONZÁLEZ, A. y LIVIANOS ALDANA, L. (2000): Op. cit.

(5) HEBEFRENIA (s.f.): “hebefrenia”. Diccionario médico-biológico, histórico y etimológico. [Disponible en: http://dicciomed.eusal.es/palabra/hebefrenia; consultado el 8 de diciembre de 2011].

ENLACES DE INTERÉS

CRUZADO, Lizardo (2010): “Esquizofrenia no, hebefrenia sí“. Desde el manicomio. [Disponible en: http://desdeelmanicomio.blogspot.com/2010/08/esquizofrenia-no-hebefrenia-si.html; consultado el 8 de diciembre de 2011].

*Esta entrada fue publicada anteriormente en el blog Siguiendo a Letamendi, el 29 de enero de 2013.

 

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10 replies »

  1. Hola Paco,
    es curioso como la medicina adapta tantas veces nombres de dioses/as para nombrar enfermedades. En la adolescencia, que como diría Punset, “se mezclan de manera explosiva la curiosidad y la despreocupación” es la etapa más importante en la vida de una persona (o al menos eso creoyo) pues se eliminan y crean muchas de las conexiones cerebrales que luego marcarán la vida adulta, a veces para bien y en otras ocasiones para mal.
    Magnífico post en el que he aprendido mucho, de veras.
    Un abrazo.

    • La mitología y también la historia (me refiero a la historia antigua, no a cuando se usa el nombre del descubridor), incluso la música y la literatura, son una fuente abundante de epónimos médicos, aplicados con mayor o menor fortuna.
      De esta entrada me siento muy orgulloso, porque cuando la publiqué en “Letamendi” sirvió para que el recomendable Diccionario Médico de la Universidad de Salamanca modificara su texto sobre la hebefrenia, una cruel enfermedad, por cierto.
      Gracias otra vez, querido Francisco. ¡Un abrazo!

  2. Interesante artículo, ¿ esta enfermedad de la hebefrenia sólo aparece en la adolescencia o pudiera ser en edades maduras también?. Magnífico Rameau.

    • Por definición, Teresa, la hebefrenia es propia de la juventud… y de ahí su nombre, que toma de la hija de Zeus.
      ¡Magnífica Norah Jones! Precisamente tengo pensado dedicarle una entrada pronto. Parece que me lee el pensamiento.
      Feliz semana.

  3. Sí, así es, Estimado Señor Doña, le leo su pensamiento, pero que no entere nadie de esto, es la amable magia de los blogs. Estaremos encantada de leer su entrada sobre Norah. Gracias por la respuesta y la hermana de Norah no se queda atrás tampoco, son distintas musicalmente pero han bebido de la misma fuente, su padre fue maestro de George Harrison.

    La Universalidad de la Música, así como la del Pensamiento y el Corazón, no tienen precio. Un abrazo.

  4. ¡Tenga cuidado Señor Doña conmigo a ver si le voy a quitar el mando del timón de este su espléndido barco!, jejejjeje. Un abrazo.

  5. Dejaré esto del magnífico escritor Mía Couto, ya que hablamos de doctores y enfermedades.

    Está escrito en portuguesiño, pero se entiende.

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