Escenas del acto médico

Gerrit Dou y la uroscopia

The_Doctor_1653_Gerard_Dou

Gerrit Dou (1613-1675). El Médico (1653) Óleo sobre tabla. 49,3 x 36,6 cm. Kuntshistorisches Museum. Viena

La escena se abre ante el espectador mediante un enorme arco con balcón -que el pintor Gerrit Dou(1) emplea con frecuencia- decorado con una suntuosa cortina azul y relieves en la parte inferior. El médico, que da título al cuadro, realiza una uroscopia observando atentamente la “matula“, “…una vasija de vidrio de forma esférica en su parte inferior, con un cuello de grosor variable, que simulaba […] la forma de la vejiga”.(2) Delante de él cuelgan una alfombra ricamente bordada, una bacía de metal (como aquélla de barbero-sangrador que Don Quijote usaba a modo de yelmo), un frasco de plata adornado con relieves, un libro con ilustraciones del esqueleto humano, seguramente la famosa anatomía vesaliana, De humani corporis fabrica, que parece haber sido objeto de múltiples consultas, y un globo terráqueo medio velado por la cortina, símbolo de la alquimia, tenida por falsa ciencia. “Estos elementos -como apuntan Vigué y Ricketts– pretenden plasmar la amplitud y profundidad de los conocimientos de este médico, pero también la enorme capacidad del pintor para representar todas las cualidades materiales de los objetos”.(3) Detrás, oculta entre las sombras (la luz entra por una ventana situada a la derecha del médico), hay una mujer… no sabemos si la propia paciente o quizás una sirvienta que ha traido la orina para que el médico la examine… Cabe añadir que, en este cuadro, Gerrit Dou nos ofrece su autorretrato: el artista, tan aficionado a este tema, se pinta a sí mismo en el papel de médico.

Durante muchos siglos -sobre todo durante la Edad Media, el Renacimiento y el Barroco- la uroscopia, definida por el Diccionario de la Lengua Española como la “inspección visual y metódica de la orina, antiguamente usada para establecer el diagnóstico de las enfermedades internas”, fue el procedimiento más utilizado en medicina para diagnosticar los padecimientos del paciente, hasta tal punto que los pintores holandeses del siglo XVII la representaron en múltiples ocasiones como símbolo por excelecia del acto médico.

Gerrit Dou fue uno de esos pintores holandeses del Barroco, que nació en Leiden, el 7 de abril de 1613, y falleció en la misma ciudad el 9 de febrero de 1675, a los 61 años de edad. El primer maestro de Dou fue su propio padre, un grabador de vidrio. Luego fue aprendiz de otros artistas locales, un grabador de cobre y un pintor sobre cristal. Es posible que de ellos aprendiera la delicada minuciosidad, hasta en los más mínimos detalles, que luego caracterizaría todos sus cuadros. En 1628, con 15 años, Gerrit Dou se convertiría en el primer discípulo de un joven Rembrandt, ya pintor reconocido aunque entonces contaba tan sólo 22 años de edad. Con Rembrandt se formó durante tres años, y de él adquirió algunas de sus habilidades más significativas, como el exquisito uso del color y la forma de plasmar los más sutiles efectos del clarooscuro. Desde que el maestro se trasladó a Amsterdam, en 1631, Gerrit Dou pasó a ser el pintor más importante de Leiden; una ciudad que, además de por su famosa universidad, destacaba por ser el principal centro productor de arte al gusto de la burguesía de la época. Al principio de su carrera, Dou, pintó algunos retratos; pero estos fueron disminuyendo posteriormente, ya que los retratados eran reacios a darle el tiempo que él consideraba necesario para realizar sus obras. Cuentan que podía tardar cinco días en pintar una mano. No sería raro que en esto influyera su formación infantil, cuando trabajaba cuidadosamente sobre un material tan frágil como el vidrio; pero también es posible -aunque esto no lo pueda afirmar- que fuera el propio carácter del pintor -extremadamente minucioso, hasta cierto punto obsesivo con el orden y la limpieza, que esperaba cuando se movía en su estudio a que se depositara la última partícula de polvo antes de seguir pintando, y se fabricaba sus propios pinceles porque pensaba que nadie podía proporcionarle los que quería para poder aplicar en el lienzo o la madera sus finísimas pinceladas- el que le hacía trabajar tan lento. No obstante, a pesar de esa minuciosidad suya, a Dou -que debió ser un trabajador infatigable- se le atribuyen más de doscientas pinturas, las cuales se encuentran repartidas por las principales pinacotecas del mundo. Pintó sobre los más variados temas; pero es conocido, fundamentalmente, por sus interiores domésticos, por lo general con pocas figuras, enmarcadas por una ventana o por las faldas de una cortina y rodeadas de libros, instrumentos musicales, y otros objetos alusivos al tema que representaba. Entre los temas que más gustaban entonces, a juzgar por el gran número de cuadros en que aparecen, se encontraban las escenas que mostraban diversas actividades médicas, y entre ellas la del médico practicando la uroscopia. Sólo entre Gerrit Dou y su paisano y contemporáneo Jan Steen, llegaron a realizar cerca de veinte versiones de médicos uroscopistas (al menos, que yo conozca).

En realidad, a través de los tiempos, los pintores han representado a los médicos en incontables ocasiones. A veces, mediante retratos con mayor o menor presencia de símbolos de la profesión; pero también, con frecuencia, mostrando escenas en las que se llevan a cabo distintas actuaciones diagnósticas o terapéuticas. Y, no por casualidad, una de las más representadas ha sido la uroscopia. Ya en los tratados hipocráticos se hace referencia a la utilidad del examen de orina para el disgnóstico de múltiples enfermedades. Pero, según los testimonios gráficos con los que contamos, se puede decir que la uroscopia va adquiriendo relevancia durante la Edad Media y se sigue utilizando de manera generalizada, prácticamente, hasta bien entrado el siglo XVIII. De modo que en el siglo XVII, para los artistas de la “edad de oro” de la pintura holandesa, se trataba de la práctica médica más característica.

Las primeras representaciones conocidas de la uroscopia -según Amalia Pati– se encuentran en manuscritos médicos del siglo XII; aunque, curiosamente, aparece también en obras de distinta naturaleza, como breviarios y devocionarios. Pero la escena de un médico practicando la uroscopia también se esculpe en algunas catedrales europeas, como la Catedral de Ruán, o se talla en las puertas del campanario de la Catedral de Florencia. Tampoco es raro -añade Pati– “…ni se consideraba impropio, representar a Cristo como un uroscopista simbolizando, de este modo, sus superiores poderes curativos”.(4) No obstante, hasta que lo hicieron los pintores barrocos holandeses, la escena nunca había sido representada con tanta frecuencia.

Con los adelantos de la ciencia, ya avanzado el siglo XVIII, la uroscopia perdió su importancia como método diagnóstico y los artistas dejaron de representarla… aunque todavía durante bastante tiempo, al menos hasta la invención de la fotografía, los pintores seguirían actuando como auténticos cronistas de su época, ofreciéndonos multitud de interesantes testimonios para el estudio de la relación entre la Medicina y el Arte.

Existen otros cuadros, atribuidos también a Gerrit Dou, sobre este mismo tema. Algunos ofrecen pocas dudas sobre su autoría…

Gerrit Dou 2

Gerrit Dou Otra Uroscopia

Otros, por su menor calidad, me hacen dudar…

Gerrit Dou aunque lo dudo

NOTAS

(1) El nombre de Gerrit Dou lo encontramos escrito, a veces, como Gerard, y el apellido como Dow o Douw. En este escrito se emplea la forma más usual y frecuentemente utilizada.

(2) PATI, Amalia (2007): “¿Qué es la escena uroscópica?”. Medicina & Cultura, 1, 3 [Disponible en: http://www.medicinaycultura.org.ar/03/Pintura_01.htm; consultado el 29 de agosto de 2013].

(3) VIGUÉ, Jordi y RICKETTS, Melissa (2008): La Medicina en la Pintura. El Arte Médico. Barcelona, Ars Médica: 133.

(4) PATI, Amalia (2007): Loc. cit. en nota 2.

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2 replies »

  1. Mirar la orina, que no analizarla, era un modo de entrar dentro, como una radiografía. Supongo que habría todo un compendio de características físicas de la orina y sus correspondencias diagnósticas, desde luego en el contexto alquímico de los cuatro elementos cuyo desequilibrio tratarían de averiguar observando la orina. No era todavía el tiempo de la patología de los órganos pero la presencia de los grabados de Vesalio parece que quieren anunciarla.
    También la lengua era una ventana al interior, y el pulso. Desconozco si estas formas de observar al paciente están recogidas en la pintura occidental; el pulso seguro, me viene a la memoria una pintura del joven Picasso, por lo menos. En la medicina china tanto la lengua como el pulso siguen siendo pilares fundamentales para descubrir el interior del cuerpo. También aquí la alquimia, cinco elementos, es la base del diagnóstico, junto a la relación yin-yang y ese concepto tan exclusivo que es la energía, el Qi.
    Gracias, Paco, muy interesante.

    • Más pronto que tarde (a pesar de mi lentitud para publicar) hablaremos de ese compendio que sugieres, sobre las características macroscópicas de la orina y sus correspondencias diagnósticas, mi querido José Antonio. Y hablaremos del pulso… Del exámen de la lengua no recuerdo ahora mismo ejemplo alguno… queda como nuevo reto.
      Mientras tanto, sigo deleitándome con tus lecciones sobre medicina china (tan desconocida para mí) y te envío mi más afectuoso y agradecido abrazo.

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