Retratos de Médicos

Un examen en la Facultad de Medicina de París, según Toulouse-Lautrec

Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901). Un Examen à la Faculté de Médecine de Paris (1901) Óleo sobre cartón. 65 x 81 cm. (C) Musée Toulouse-Lautrec. Albi. Francia

Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901). Un Examen à la Faculté de Médecine de Paris (1901). Óleo sobre cartón. 65 x 81 cm. (C) Musée Toulouse-Lautrec. Albi. Francia.

Puede que sea el último cuadro pintado por Toulouse-Lautrec, el mismo año de su muerte, en 1901. Nos muestra el examen de doctorado que tuvo que superar su primo y leal amigo, Gabriel Tapié de Céleyran, a quien vemos de perfil a la izquierda de la imagen, y a quien ya nos hemos referido en una entrada anterior, ante un tribunal del que formaban parte el profesor Robert Wurtz (con la toga roja) y el profesor Alfred Fournier.

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6 replies »

  1. Sigo insistiendo que la Enseñanza debe ser apasionante no aburrida como lo es en nuestro País, y este cuadro me indica que hasta a la hora de examinarse uno, era toda una aventura. Y por supuesto que los Profesores serían mejor. ¡Los profesores-amigos, aquellos de los que se disfrutaba aprendiendo y hasta existía peleas por alzar la mano y preguntar las dudas!

    Después de este duro examen, le dejaré a este Caballerete, esta música.

    • La noto a usted hoy un poco pesimista, Teresa. Hasta en la canción del señor Gallardo (de tan bonita voz, por cierto). ¡Ánimo!
      Y profesores… hay de todo, supongo, como en botica o en la viña del señor.
      Que la semana sea feliz.

  2. ¡No hay problema, yo dejo música y ya me reanimo! Hay una anécdota simpática de exámenes y examinadores, dice el escritor Francisco Ayala, que estudió Derecho, que se presentó a unos exámenes y empezó a decir el temario en plan jurídico, pero él mismo cuenta que sin saber la razón dejó el lenguaje jurídico y empezó a exponer de forma natural, entre el Tribunal estaba Fernando de los Ríos y al escuchar al escritor, le decía el Señor Fernando: ” Siga Ayala, siga usted…”, dice el escritor que se quedó pasmado porque al examinador le encantó la naturalidad de la exposición.

    ¡Existen examinadores simpáticos!, luego examinador y examinado se hicieron muy amigos.

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